El verano es la época de la música mala por excelencia, pero una música que más allá de su dudosa calidad tiene un fin evidente: meternos la fiesta en el cuerpo e incitar al baile. ¿Quiero eso decir que sólo podemos recurrir a los subproductos de cada temporada, o a los clásicos de la música dance para poder ambientar una buena fiesta? Por suerte, ahí están los australianos The Cat Empire para demostrar una vez más que calidad y marcha no tienen por qué estar reñidas.
Cinema es ya su quinto disco, en el que una vez más se atreven a meter de todo en sus canciones con el único fin de animar al personal: el rock sería la base (en unas canciones más que en otras), pero queda prácticamente sepultado por una avalancha de jazz, ska y ritmos latinos que resultan prácticamente irresistibles. Es la misma fórmula que han venido usando todos estos años, pero dado que les sigue sirviendo para marcarse buenas canciones y puesto que son pocos los grupos que hacen algo parecido, ésta no se les agota ni un ápice.
Once temas que se mueven en la media de los cuatro minutos, y que en esta ocasión apuestan menos de lo habitual por el ritmo pegadizo, buscando explorar ideas que pueden resultar menos atractivas a simple vista, pero que a la larga convencen igual que cuando arrean las maracas a todo ritmo. Una muestra de lo que es madurar sin perder el norte, y buenos ejemplos de ello son ‘Only Light’ (YouTube) o la caribeña ‘Beyond All’.
Cuando el ritmo puede con todo lo demás
Como grandes momentos para la pista de baile ahí tenemos ‘Waiting’ o la adictiva ‘The Heart is a Cannibal’ (YouTube), dignas herederas de los grandes himnos juerguistas que pueblan sus discos previos, especialmente el sobresaliente Cities. Una vez más, The Cat Empire consiguen que tengamos la sonrisa pegada a la cara durante todo el tiempo que dura su disco e incluso después, algo que no es tan fácil de conseguir como podría parecer.
Reinan las trompetas y los teclados en temas como ‘All Hell’ (YouTube), que a mí me deja un divertido regusto a los Wilco más pachangueros, y en otras toca dar los créditos al trabajo en el micro del siempre cumplidor Harry James Angus Felix Riebl, como por ejemplo en la balada de salón ‘Reasonably Fine’. Hay incluso estribillos épicos para cantar con las manos unidas y alzadas al viento como ‘Call Me Home’.
En resumen, Cinema ofrece todo lo que se puede esperar de un disco de The Cat Empire: música ligera en la superfice, pero muy trabajada en el fondo, de fácil acceso sean cuales sean tus preferencias personales, tan buena para triunfar en la próxima fiesta playera que tengas programada como para dar algo de brillo a una aburrida mañana de trabajo. No llega a ser su trabajo con más gancho, pero si no te lo pasas bien escuchando este disco, amigo, es que estás muerto por dentro.
Tras un paseo por el Flamenco, el Jazz se dio cita en la noche de ayer en los Veranos de la Villa 2010 en un escenario único, de los mejores que hay en Madrid: los Jardines de Sabatini, donde tocó Chucho Valdés con su banda mientras que el escenario Puerta del Ángel pertenecía por unas horas a Muchachito Bombo Infierno.
Las condiciones eran inmejorables: el Palacio de Real de Madrid de fondo, los propios jardines a los lados y el escenario al aíre libre, con una noche en las que corría el viento evitando tanto calor. Vamos, el contexto ideal para cualquier buen músico, con un lleno de nuevo casi completo pese a los altos precios de las entradas.
El músico cubano salió a escena con su fuerte presencia y un físico que recuerda a un jugador de baloncesto ya jubilado. A sus 68 años Valdés ganó en vitalidad a otro pianista emblemático como es Jerry Lee Lewis, el cual hace un año ya nos mostró cómo los 73 años no eran nada. El cubano azuzaba a la banda, ejercía de maestro de ceremonias, se levantaba, bailaba al compás y transmitía la vitalidad de un jazzmen de la vieja escuela.
El último disco del artista, Chucho?s Steps (guiño a Coltrane), fue uno de los ejes de la noche, del cual presentaron un buen número de temas, entre los que destacaron ?Yansá?, haciendo un homenaje a África, con la sobresaliente actuación de Dreiser Durruthy. Después sonó ?Obatalá? donde Mayra Caridad Valdés (hija de Bebo) estuvo inmensa, mostrando el dominio de un timbre privilegiado, momento que se repetiría ya al final con ?La Fiesta de San José?, el culmen de la noche con la cubana logrando poner en pie a todo el público, haciéndonos bailar y aplaudir al ritmo de la música.
Pero no todo fue material nuevo. También hubo momento para recordar a los emblemáticos Irakere, antigua formación de Chucho Valdés, con ?Misa Negra?. ?Danzón? fue el momento de lucidez para el saxofonista Carlos Miyares exhibiendo la pegada de los ritmos latinos o más tarde el maravilloso guiño a Nueva Orleans con un tema del mismo nombre, mezclando los sonidos del Ragtime, el Blues y las orquestas típicas con la música cubana. De lo mejor de la noche.
Casi dos horas de ritmos latinos a base de piano, bajo o contrabajo, percusiones, batería, trompetas y saxos que moldearon una vez más el Jazz con los ritmos más latinos y sabrosos. Grande, el señor Chucho Valdés.
Me gusta la música que se salga de lo corriente, que no transite por terrenos abonados y, la mayoría de las veces, tan agotados que pasa desapercibida. Por eso recibir el disco de Melange es una bocanada de aire puro, de ese oxígeno medicinal que le suministran a quienes sufren problemas respiratorios.
Y si encima la propuesta llega de Asturias la alegría es doble. Este proyecto se cimenta sobre un dúo liderado por un músico bien conocido en estas tierras como es Pablo Canalís (bajo, percusiones y voz) al que se le ha unido el desconocido Alejandro Martínez Ares (acordeón).
El mero formato de este proyecto de estudio es sumamente interesante y los resultados sorprendentes como poco. Su debut nos acerca a universos alejados pero no contrapuestos; de la música académica española, la llamada clásica, a la psicodelia made in USA, pasando por el reggae, Brasil o el folclore patrio. Un todo que podríamos encuadrar dentro de la fusión jazzística
Así nos sorprende para bien su perversión de ‘People Are Strange’ (GoEar), de The Doors, convertido en una pieza tabernaria que podría haber firmado el propio Matt Elliott, la apropiación de ‘Suspiros de España’, ese pasodoble tan cañí, o el ‘Asturias’ de Isaac Albéniz. Y son sólo tres ejemplos de la riqueza de un trabajo de cómo poco sobresaliente.
Lo más extraño de todo es que Pablo Canalís comenzó su carrera como bajista de Nightjar, formación de metal thrash con toques progresivos que incluso editó un álbum Thru The Shadows y participó en el disco Transilvania 666. ¿Qué hace un ex bajista de metal tocando jazz?
La pregunta se la hice directamente a él y su respuesta fue clara. No reniega de su pasado heavy pero gracias a esa etapa y a su pasión por la música fue descubriendo nuevos sonidos, nuevos artistas y otras escenas de las que aprendió muchísimo. El bajista, que también milita en Senogul, se introdujo en las llamadas músicas del mundo y hoy en día es un reputado multiinstrumentista, especialmente experto en percusiones.
En Melange el acordeón es el eje sobre el que pivota el proyecto, un instrumento con capacidad para mimetizarse o adaptarse a estilos más allá del jazz y folk. Con él el dúo ha querido abrir el concepto popular que se tiene sobre el acordeón. Gracias a la colaboración de un sinfín de músicos procedentes de otras escenas: brasileña, prog rock, rock o pop, han trabado un repertorio que se sostiene. La pena es que sea un proyecto de estudio, un proyecto que también nos llega a través de la marca Disconsonancia (Senogul y Cuac!).
Es probable que el excelente disco de debut de Cuac!, la formación que acuñó el término onomatopop para etiquetar su música, será el último. No ha habido malos rollos entre ellos, la vida misma les ha llevado a tomar caminos diferentes: trabajos alejados, compromisos musicales ineludibles…
Valga si cabe este legado que nos han dejado en forma de un larga duración en el que el grupo nos resume su actividad casi en la sombra, a base de un par de maquetas que circularon entre unos pocos privilegiados. Aquellos temas, no son los de la maqueta del huevo sino los de la siguiente los que encontramos aquí en su versión definitiva.
Tal y como están las cosas, el cuarteto no quería que su paso por este mundo quedara sin retratar como debería y se las han arreglado para editar un álbum autoproducido. Ellos se lo han hecho todo con el apoyo logístico de la gente cántabra de Miedito Records y el resultado es esta colección de doce canciones.
La base es pop pero nada que ver con el concepto estandarizado que todos tenemos; por los canales de ese pop fluye el jazz, el prog rock, la electrónica, el folk e incluso el funk, y todo con una facilidad y un acabado verdaderamente atrayente. Onomatopop, que decíamos antes, con referencias a onomatopeya, y a un resultado final nada habitual.
Porque las letras de Laura Pire no son de un idioma concreto. Edu García Salueña, teclista del grupo, los define como guiños idiomáticos, “entonanciones que remiten al alemán, al inglés o al alemán; mucha experimentación vocal, pero las letras importan en sentido musical”. Y es que la cantante y bajista, incluso las tiene escritas y no pudieron entrar en el libreto del disco por cuestiones operativas.
Hay una cierta ironía muy del grupo a la hora de titular los temas: ‘No te conocía ese jersey’, ‘Voleybol para adultos’, ‘Helicentrismo’ o ‘Ex Beach It’ (YouTube), que arriba podéis ver en una primitiva, pero encantadora, versión en directo. Todos ellos dan buena cuenta de por donde ubicar los parámetros estílistos de esta singular formación.
Cuac! lo han editado bajo el sello de la Disconsonancia, una marca personal que engloba a todos los proyectos que han salido de Senogul, donde militan tanto el teclista como el guitarrista Pedro A. Menchaca, y mantienen en cierta medida la estética de aquella formación. En su página de MySpace encontraréis cómo haceros con una copia de este singular trabajo, cien por cien recomendado.
Dentro del mundo del Jazz las propuestas nuevas que rompen la barrera que separan la escena propia de los seguidores de dicho estilo y del público en general no son muy amplias, por no decir casi inexistentes, así que cuando llega un joven de 26 años llamado Christian Scott con un gran talento bajo el brazo, la ocasión hay que aprovecharla.
Desde Concord Records, un subsello estadounidense especializado en Jazz perteneciente a Universal, llevan años apostando por él y desde que publicase Rewind That (2006) su fama ha crecido como la espuma, llegando, incluso a compararle con Miles Davis, de quien Scott se confiesa un gran fan.
Christian Scott – Litany Against Fear (Live @ Fasching, Stockholm 13-02-2009)
En este 2010 publicará su nuevo álbum, Yesterday You Said Tomorrow (Concord), el cual presentó ayer en la Sala Clamores, el marco perfecto para una buena noche de Jazz en Madrid. Para ello, el de Nueva Orleans vino en formato quinteto, con una formación excepcional que tiene a Matt Stevens como principal apoyo a la guitarra, Jamire Williams a la batería, Kristopher Funn al contrabajo y Milton Flecther al piano.
Cinco músicos que ayer tuvieron grandes momentos de lucidez, en especial en los correspondientes solos que cada instrumento disfruta dentro del Jazz, de los que me quedo con el vacile con el que nos deleitó el batería, muy correcto llevando el ritmo durante todo el concierto, siendo una parte muy destacada del quinteto.
Las canciones dieron pie a que Matt Stevens fuese uno de los que más se soltase a la Gibson, con una rapidez en el recorrido del mástil asombrosa y la obtención de un sonido que luego daba paso a la incorporación de la particular trompeta de Christian Scott a la que en la primera parte del directo se la echó más en falta, con desarrollos más evidentes que fueron mejorados por un final digno de elogios, donde sí se vieron destellos del gran talento del joven trompetista.
Un gran concierto de un artista que apenas lleva 14 años en la escena y que ha llegado a colaborar con Prince o Doonald Harrison. La sombra de Miles Davis, más que favorecerle, por el momento le viene grande, puesto que mencionar al californiano son palabras mayores, pero quién sabe si en un futuro Christian Scott aporta un lenguaje nuevo al Jazz. Habrá que seguirle los pasos para no perderse ningún detalle.
Todos pensaban, yo el primero, que Charles Aznavour se había retirado pero no, su actividad musical no ha decaído en ningún momento. Tres discos en tres años no es ningún moco de pavo para un cantante que va camino de los ochenta y seis años. Tras Color ma vie (EMI, 2007) y el antológico en directo Charles Aznavour et ses Amis. A L’Opera Garnier (EMI, 2007), nos sorprende con un disco de jazz.
Charles Aznavour había publicado hace diez años otro disco de jazz, Jazznavour, genial nombre para un trabajo en el que estuvo acompañado de grandes artistas del mundo jazzístico: Dianne Reeves, Jacky Terrasson, el tristemente fallecido Michel Petrucciani o Richard Galliano, con un resultado inmejorable.
Ahora, el denominado Fran Sinatra francés, está acompañado en este disco que se publica a propósito para estas Navidades, siempre habrá un padrino, una madrina, una abuela o una madre que beban los vientos por el pequeño Charles, por The Clayton Hamilton Jazz Orchestra, un “rendezvous” con una big band que tiene una trayectoria de un cuarto de siglo a sus espaldas.
Charles Aznavour ni eclipsa a la big band ni ésta lo eclipsa, parece que este encuentro es una suerte, una penúltima oportunidad para que el cantante parisino de origen armenio brille como lo ha venido haciendo a lo largo de toda su larguísima carrera de éxitos en multitud de idiomas, incluido el castellano.
Aznavour no ha elegido aquí un repertorio de estándares sino canciones propias, clásicos suyos reconducidos bajo el lenguaje jazzístico, aunque hay dos temas nuevos: ‘Viens Fais-moi rêver’ (GoEar) y ‘Je Suis Fier de Nous’, a dúo con Rachelle Farrell. El resto son bien conocidos: ‘Comme ils disent’ (GoEar), ‘A Ma Fille’ (GoEar), ‘La Bohême’ (GoEar), ‘Il Faut Savoir’ o ‘Je N’Oublierai Jamais’.
Los aficionados a sus canciones quizás no entiendan muy bien estas nuevas versiones, pues suenan bien distintas, diferentes a aquellos originales que bailaron nuestros mayores, que fueron la banda sonora de generaciones pasadas. De todos modos, lo que ha hecho Aznavour es encomiable. Ha hecho lo que ha querido y con grandes músicos que han dotado de una nueva musicalidad, enriqueciendo con los nuevos arreglos y armonías canciones atemporales.
Jacky Terrason le acompaña al piano, inmenso en el comienzo de La Bohême, y también están con él el saxofonista Jeff Clayton y el batería Jeff Hamilton, que fue el cofundador de la orquesta. Con todos ustedes, Charles Aznavour & The Clay Hamilton Jazz Orchestra, un disco que sale al mercado el martes 1 de diciembre.