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Un siglo en dos trazos

Cuando se cumplieron los cien años del nacimiento del belga Georges
Remi, o Hergé, el 22 de mayo, se desataron festejos y conmemoraciones
en muchos países. Un año antes su patria había anunciado un fuerte
calendario de actividades en torno a la fecha, para recordar a quien el
diario británico Daily Telegraph calificó como “el belga más famoso”.
La calificación cabría también para Tintín, que de todas sus creaciones
es la que lo hizo trascender, y que cumplió setenta y ocho años.
Hergé y Tintín, cronistas
Por Matías Castro
Odio a Tintín.
Ahora, luego de que 27 años atrás se tuvo que resignar creando a Indiana Jones, Steven Spielberg ha logrado concretar un acuerdo para llevar al joven reportero al cine. Hergé, no había podido cerrar un acuerdo porque tras 30 meses de negociaciones, Spielberg, que se quedaba con los ingresos por el merchandising, se reservaba la potestad de no dirigir el film en el caso de que el guión no fuese del todo satisfactorio. Hergé aceptaba, siempre y cuando Spielberg fuese el director. Murió el 3 de marzo de 1983, luego de abandonar totalmente la idea. Había disfrutado tiempos de prosperidad económica gracias a los frutos que rendía su personaje, tiempos de popularidad gracias al cariño, admiración y fanatismo que despertaba su obra, y episodios de desprecio por su pasiva vinculación a medios cuestionados por izquierdas y derechas.
“Le confieso que en Tintín he puesto toda mi vida” dijo para una entrevista de 1982. “Odio a Tintín, no tiene usted idea de hasta qué punto”, reconoció en un momento de agotamiento y depresión a fines de 1966, mientras preparaba Vuelo 714 para Sydney, según su documentado biógrafo Pierre Assouline. Ambas frases eran ciertas.
Hergé pudo ver en vida el comienzo de la “Tintinofilia” y la “Tintinología”, que dieron su primer paso firme en 1959 cuando un prominente periodista y crítico escribió el libro El mundo de Tintín, primer análisis serio sobre su obra, que puso en marcha al mito, según Assouline. Tintín, también reconocido por muchos como “El único periodista que no escribió una línea en su vida”, a excepción de un fragmento de su primera aventura, En el país de los Soviets. “En lugar de producir textos, Tintín se convirtió en la historia. No reporteó al mundo y al siglo a través de sus palabras, sino a través de sus acciones”, razona Charles Moore en el Daily Telegraph, y luego lo define como “una suerte de santo patrono para nosotros los periodistas”. “Como si la búsqueda, y no la solución, fuese desde su punto de vista lo mejor de su profesión”, reflexiona Assouline.
Con el centenario de su padre, Tintín fue saludado por colegas de prestigiosos medios de todo el mundo, que se han reconocido como Tintinólogos y Tintinófilos. El mérito no es poca cosa para un eterno quinceañero acompañado por un perro que habla. Lo de la edad es una convención, porque una encuesta de 1999 entre Tintinófilos del sitio web Free Tintin dio como resultado que la mayoría lo ve como un joven de más de 20 años. Esa interrogante, como la pregunta sobre si Tintín es nombre, apellido o seudónimo, entre muchas otras, siguen fascinando a los lectores. Uno de los tantos aciertos de Hergé ha pasado justamente por esa ambigüedad.
Tintín ha protagonizado oficialmente 23 libros y uno incompleto, que han vendido 200 millones de ejemplares en 50 países del mundo, y siguen haciéndolo a un ritmo de 3 millones por año. Ha hablado en 40 idiomas y en muchos de ellos él y sus coprotagonistas han recibido diferentes nombres, como Kuifie en afrikáans, Tim en alemán, Tincjo en checo, Tenten en turco, o Tinna en islandés. Las variantes para los demás pueden ser más graciosas y ocupar varias páginas.
Se pueden hacer al menos dos listas de personajes emblemáticos de las historietas. Una es la que integran los personajes reconocidos por cualquier persona. La otra es la que pueden armar los iniciados y los estudiosos. Tintín es de los personajes que forman parte de las dos. Su autor, Hergé, que el 22 de mayo habría cumplido 100 años, es de los pocos historietistas cuyo nombre ha trascendido casi tanto como el de sus creaciones.
Pocos son tan celebrados como sus creaciones. No le ha ocurrido a personajes universalmente asociados con las viñetas hasta por quienes no leen historietas, como Superman de Jerry Siegel y Joe Schuster, ni a Batman de Bob Kane. Si ha ocurrido con personajes divulgados en todo el mundo pero no necesariamente conocidos por no lectores historietas, como Astérix y Obélix de René Goscinny y Albert Uderzo, Yellow Kid de Richard F. Outcault, Little Nemo de Windsor McCay, El eternauta de Solano López y Héctor Oesterheld, Akira de Katsuhiro Otomo, Mafalda de Quino y Sandman de Neil Gaiman. De los demás personajes belgas, como Lucky Luke, Marsupilani, Los pitufos, Blake y Mortimer o Thorgal, ninguno ha adquirido el carácter universal del joven periodista. El mérito, en gran parte, se lo debe al olfato de cronista de Hergé.
Certificado de moral.
Pierre Assouline define a través del color gris a la Bélgica en la que nació y creció Georges Remi. Nada destacaba en su familia ni en su infancia. Su padre era empleado en una tienda y su madre era ama de casa. Como alumno, dice el biógrafo, era bueno pero estaba dentro del promedio. En su casa era revoltoso y según el mismo Georges dijo, sus padres le tenían que dar papel y lápiz para que calmara sus ánimos revoltosos. Durante su educación secundaria bajó las notas de sus estudios a un “apenas bien”. Leía Huckleberry Finn, La isla del tesoro, Los papeles póstumos del club Pickwick, Tres hombres en un bote y Robinson Crusoe. Chaplin y sus gags lo atraparon dejando una marca, según los especialistas, que quedó presente a lo largo de su obra.
El cine, cuando era joven, era una evasión. En sus primeras historietas, antes de Tintín, se pueden encontrar subtítulos de presentación tales como “Hergé Moving Pictures”. El cine mudo, en tanto imagen pura, fue una de sus principales influencias. También lo fueron historietas del momento, como Bringing up father, una tira de George McManus de 1913, Krazy Cat de George Herriman, o The Katzenjamer Kids de Rudolph Dikes. La forma de narrar, la estructura del relato y la claridad son las cosas que lo sorprenden de estos autores y sus obras. Según Assouline, esos tres pilares permanecerán a lo largo de 50 años de su trabajo. La claridad y la simpleza fueron las dos cualidades que defendió siempre. El despojo como herramienta y la máxima comprensión como objetivo fueron dos rieles que condujeron el trabajo de Hergé.
Siempre defendió su formación como Boy Scout. Este movimiento definió su moral, y de hecho fue en sus publicaciones donde Georges hizo sus primeras armas a los 19 años. No en vano, llegó a afirmar que la publicación de Tintín en un diario constituía “un certificado de moralidad”, cuando en 1937 intentaba convencer a un amigo para que fuese su representante.
Georges Remi firmó por primera vez como Hergé en diciembre de 1924 en la revista Boy Scout Belge. El seudónimo correspondía a la pronunciación de sus dos iniciales invertidas, RG. Bajo esta firma apareció Las aventuras de Totor, jefe de patrulla de los Scouts. Muchos han visto en este personaje un antecedente para Tintín.
Durante esos primeros tiempos no se planteaba más que ser dibujante publicitario y se veía a sí mismo como un grafista y tipógrafo. Pero no pudo permanecer más que una tarde en la escuela de artes gráficas de Saint-Luc. Había quedado insatisfecho, según Assouline. Su gusto por la tipografía, igualmente, permanecería a lo largo de toda su obra y se manifestaría sobre todo en las precisas correcciones que le fue haciendo a las reediciones del álbum El Loto Azul.
A los veinte años entró al diario Le Vingtième Siècle, o El Siglo Veinte, un emblema de la prensa belga de ese entonces. Allí conoció a su director, un ex monje llamado Norbert Wallez, que combinaba su carácter antisemita y anticomunista con una gran habilidad para los negocios. “Se lo debo todo”, dijo tiempo después Hergé, y a la vez relativizaba sus acciones calificándolo como “fascistoide” y no como fascista. Wallez tenía un autógrafo del propio Mussolini quien le dedicaba su firma diciéndole “amico dell´Italia et del fasismo”. Wallesz fue una de las figuras claves para su formación y evolución. Pero si la cosa acabase ahí, Hergé sería un dibujante más de una lista de talentosos artistas belgas.
La habilidad de Wallesz impulsó a Tintín desde un comienzo a través del suplemento infantil Le petit vingtième. Acorde a sus ideas, instó al autor a mandar a su personaje a Rusia como forma de llevar a los más jóvenes lo que él consideraba horrores cometidos por los bolcheviques. Así nació Tintín en el país de los Soviets, que comenzó a publicarse semanalmente en enero de 1929. Wallesz quería para su diario a un personaje de espíritu misionero, virtuoso y católico. Lo tuvo, pero Tintín, Milú y compañía se escurrieron de entre sus dedos y con los años llegaron mucho más lejos, menos misionero pero tan virtuoso como al comienzo.
Hergé inventó a Tintín en cinco minutos, según contaba restándole importancia. Todo es simple, sencillo, casi como si se tratase del fundamento conceptual detrás de la escuela historietística de la “Línea Clara” que encabezó involuntariamente. De su hermano Paul copió los gestos para su personaje. Milú, el fiel y pensante perro, es así porque los Fox Terrier estaban de moda. Los pantalones que usa Tintín son los mismos que él usaba a los quince años. Todo fue muy sencillo, sin misterio ni épica. Inventó al personaje “en el momento de trazar por primera vez la silueta… con esto quiero decir que el personaje no había llenado mis años de juventud, ni siquiera en la imaginación”.
Tintín y Milú lograron llenar la imaginación de miles de niños y jóvenes belgas, a tal punto, que Wallesz optó por organizar una recepción pública real en coincidencia con el último episodio de En el país de los Soviets. Como en la historieta Tintín regresaba a su país en tren, se contrató a un doble para que llegase de la misma forma a Bruselas. La multitud se agolpó alrededor del doble y hasta hubo una madre que le dio a su hijo en brazos. La experiencia se repitió con la final de la segunda aventura, Tintín en el Congo, famosa hoy por su tono paternalista con los primitivos congolenses y por una escena en la que hacen explotar a un rinoceronte con dinamita. La imagen de la recepción que armó Wallesz y su equipo parece desde la distancia un chiste políticamente incorrecto: otro doble de Tintín paseándose por Bruselas escoltado por un grupo de negros.
Con los años Hergé se arrepintió públicamente de estos primeros pasos, justificándose en que por su edad estaba bajo la influencia de la sensibilidad de la sociedad de su época. Como defensa, agregaba que en otros álbumes como Tintín en América y El Loto Azul, abandonaba estas visiones esquemáticas para mostrar a los blancos como malos. María José Santacreu destacaba en una nota publicada en Brecha, que la mayoría de los villanos en otros álbumes son hombres de negocios estadounidenses, mientras que los indios, los sudamericanos y los chinos son los oprimidos. Sea como sea, la popularidad que tenía su creación cuando Hergé cumplió 29 años, era enorme. Merchandising y reediciones lo acompañaban, aunque no una gran fortuna.
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